Con Ramón, además, he compartido muchas mañanas en El Rosal y alguna que otra charla futbolera en hoteles de nuestra geografía comentando el partido que el Cádiz CF tenía que jugar horas después. Siempre he aprendido cosas de él y seguiré haciéndolo porque, encima, es buena persona.
Ahora le toca sentarse de nuevo en el banquillo, aquel en el que cuando lo vea hará que a mi mente vengan recuerdos de tiempos mejores. De partidos de infarto y de resultados imposibles. De ese partido ante el Zaragoza, de la tanda de penaltis ante el Málaga, de ese 4-0 al FC Barcelona del Dream Team. De ese bigote y esa camiseta rosa que ya forman parte de la historia del Cádiz y que este mediodía ha llegado a ser Trend Topic en un invento llamado Twitter, algo que cuando entrenó por última vez a nuestro Cádiz no podíamos ni siquiera imaginar. Ahora esa historia vuelve a ser presente y todos esperamos que ese marrón que se come hoy, lleve a buen puerto a este maltratado Submarino Amarillo.
Si procede se le criticará como al resto de entrenadores. Por mi parte, con el mismo respeto que lo he hecho y haré con otros. Con él más si cabe, porque ese respeto lo tiene ganado.